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El estallido de la Primera Guerra Mundial abrió un nuevo capítulo en la historia de las relaciones económicas externas argentinas. Alterados los mercados europeos e interrumpido el tráfico comercial tras el inicio de las hostilidades, la Argentina necesitó crecientemente de Estados Unidos el aporte de productos manufacturados y capitales. (1)
   
Los exportadores norteamericanos supieron sacar provecho de esta situación originada por el vacío dejado por los tradicionales abastecedores europeos en el mercado argentino. Mientras Alemania pasó del segundo lugar en importancia entre 1910 y 1914, a desaparecer prácticamente como abastecedor de las importaciones argentinas desde 1915 hasta el fin de la guerra, Estados Unidos saltó del tercer al segundo lugar de importancia entre 1914 y 1915.
   
Para 1916 y hasta 1931, Estados Unidos se convirtió en el principal abastecedor de manufacturas del mercado argentino, desplazando del liderazgo a Gran Bretaña tanto en términos de valor como de participación. Junto a la declinación de las exportaciones británicas, cabe señalar la de las alemanas, perjudicadas en buena medida tanto por el arrollador avance de los productos manufacturados norteamericanos como por la política de listas negras y embargos orquestada por Gran Bretaña -de éxito parcial, en tanto no logró mantener el predominio británico como abastecedor de manufacturas para el mercado argentino. (2)  
    Aun por el lado de las exportaciones argentinas, la evidencia de la creciente importancia de la economía norteamericana fue incontrastable a partir del estallido de la guerra. En 1913 Estados Unidos compró productos argentinos por un valor de 22,9 millones de pesos oro y se ubicó quinto en la lista de importadores de la producción argentina, detrás del Reino Unido, Alemania, Francia y Bélgica. En 1914 Estados Unidos saltó al segundo lugar en importancia como comprador de los productos argentinos en términos de valor, ubicándose detrás del líder, Gran Bretaña. Las exportaciones argentinas hacia el mercado norteamericano alcanzaron en ese momento un valor de 42,9 millones de pesos oro, representando el 10,6% del total exportado. En 1915 más que duplicaron el valor de 1914, y en 1918 llegaron a la cifra de 165,2 millones de pesos. En términos de crecimiento porcentual, el valor de las exportaciones argentinas se incrementó en ese último año de la guerra a casi un 900% respecto de los valores de 1913. (3)  
    No obstante las dificultades de embarque y los problemas en las cosechas argentinas, que disminuyeron el volumen de las exportaciones agropecuarias argentinas hacia Estados Unidos, el valor de las mismas fue empujado hacia arriba por el aumento de la demanda sobre algunos de los productos exportables (en el caso del comercio con Estados Unidos, la lana y el extracto de quebracho o, en el caso del comercio con Europa, las carnes en conserva). Por ejemplo, en 1918 el valor de las exportaciones de lana, cueros y pieles, y semilla de lino se incrementó un 465% por encima de los niveles registrados para estos mismos productos en 1914. En cambio, sus respectivos volúmenes se incrementaron en el mismo período tan sólo un 175%. (4)
   
El valor de la mayoría de los productos de exportación argentinos hacia Estados Unidos reflejó esta tendencia inflacionaria provocada por la coyuntura bélica. Considerando los precios promedio desde julio de 1913 a junio de 1914 con un índice de 100, los cueros y pieles llegaron a 174, los químicos para curtido a 231 y la lana y sus derivados a 274. Por su parte, los embarques de cueros y pieles casi se duplicaron tanto en términos de volumen exportado como de valor. La única excepción fueron las exportaciones de maíz y carne, las únicas de importancia dirigidas hacia Estados Unidos cuyos valores declinaron durante la guerra. (5)  
    Esta tendencia inflacionaria de tiempos de guerra, con volúmenes decrecientes y valores crecientes, no sólo operó sobre la mayoría de los productos exportables argentinos con fuerte demanda en los mercados europeo y norteamericano. También se registró para las exportaciones norteamericanas hacia la Argentina. En su conjunto, el volumen de éstas declinó durante los años de guerra, por varias razones. En primer lugar, los fabricantes norteamericanos estuvieron demasiado preocupados con los mercados europeos como para prestar su atención al argentino. En segundo lugar, muchos fabricantes y exportadores de manufacturas norteamericanos adoptaron más bien una actitud especulativa, partiendo de la premisa que las ganancias del mercado argentino en los tiempos de guerra eran artificiales y se esfumarían una vez restaurada la paz. En consecuencia, muchos exportadores norteamericanos estuvieron simplemente interesados en hacer el mayor beneficio posible en el menor lapso de tiempo, aprovechándose de las necesidades de los importadores argentinos, exacerbadas por las escaseces de la guerra. Aun las firmas norteamericanas establecidas desde hacía tiempo en la Argentina adoptaron esta estrategia especulativa.
   
Esta tendencia se evidenció claramente en el sector de la industria textil. Los fabricantes y exportadores norteamericanos aceptaban pedidos de los importadores argentinos, pero no siempre embarcaban esos productos a las compañías que los habían solicitado originalmente. En vez de ello,  enviaban las mercaderías a otros compradores que ofrecían precios más altos.  Las compañías argentinas con varios pedidos se encontraban con la sorpresa de que el último solicitado era el primero en ser cubierto, porque convocaba al precio más alto. Una posibilidad, repetida con excesiva frecuencia, era que los fabricantes y exportadores norteamericanos cancelaran los primeros pedidos de compra excusándose en el argumento de que dichas mercaderías no reunían las especificaciones exigidas para su venta. Otra posibilidad era que los productos se vendieran, pero con atraso, mayor precio y por debajo de la calidad requerida. En este contexto, los importadores argentinos, agradecidos por recibir algo en el difícil contexto de la guerra, terminaban aceptando las entregas en las condiciones estipuladas por los fabricantes y exportadores de productos industriales norteamericanos. (6)
   
Por su parte, y en contraste con su caída en términos de volumen, los valores de las exportaciones norteamericanas a la Argentina subieron, afectados por la inflación de tiempos de guerra. Si se toma como índice 100 los precios promedio desde julio de 1913 a junio de 1914, en 1918 los aceites vegetales habían ascendido a 250, las manufacturas de algodón a 255, los productos de hierro y acero a 218, el carbón y coque a 207 y el petróleo y derivados a 180. (7) 
    Generalmente, los productos cuyas exportaciones incrementaron su valor fueron aquellos fuertemente demandados en el mercado argentino, y en los cuales Estados Unidos no tenía mucha competencia, tal el caso de las exportaciones de maquinaria eléctrica y electrodomésticos. Sin embargo, las ventas de lámparas incandescentes y ventiladores, rubros en los que Estados Unidos había predominado, declinaron. Un rubro de notable expansión durante los años de guerra fueron las exportaciones norteamericanas de textiles de algodón hacia la Argentina, tanto en términos de volumen como de valor. Las de telas de algodón blanco se incrementaron de 7131 kilogramos en 1914 a 217.282 kilogramos en 1916 y 707.508 kilogramos en 1918. En cuanto a sus valores, saltaron en esos mismos años de 6169 a 183.952 pesos oro y de este monto a 605.965 pesos oro. Las de algodón crudo o lienzo registraron el mismo comportamiento ascendente. Por su parte, la demanda de telas de algodón teñido norteamericano registraron un aumento espectacular, pasando de sólo 7650 kilogramos en 1914 a 1.746.890 kilogramos en 1916, y de allí a 3.206.066 kilogramos en 1918. Sus respectivos valores se incrementaron de 6641 a 1.479.254 pesos oro y de este monto a 2.782.081pesos oro. (8)
 
    Un dato importante respecto del intercambio comercial bilateral en los años de la guerra es que la Argentina revirtió su tendencia deficitaria en la balanza comercial con Estados Unidos. Las cifras proporcionadas por el Anuario del Comercio Exterior de la época indican que pasó de un déficit de 39,1millones de pesos oro en 1913 a un superávit de 6,2 millones de pesos oro en 1914. Durante los años de la guerra, el mejor saldo comercial obtenido por la Argentina fue el del año 1915, con un superávit de 33,7 millones de pesos oro, que más que quintuplicaba el del año anterior. La Argentina siguió teniendo balanzas comerciales favorables en su intercambio con Estados Unidos hasta 1918, cuando volvió a tener déficit. Entre 1914 y 1917 se acumuló un monto de balanza comercial favorable a la Argentina de 75,8 millones de pesos oro.  
    Cabe aclarar que estas tendencias se daban en un marco en el que la colocación de las exportaciones agrícolas argentinas en el tradicional mercado europeo durante los años de la guerra quedó fuertemente condicionada por una serie de factores: la competencia mundial de los granos canadienses y norteamericanos, más baratos y voluminosos que los argentinos; la inestabilidad de la oferta argentina, debido a la recurrencia de plagas y sequías en las cosechas, y la escasez de espacio para el embarque. Además, el ascendente poder de Estados Unidos le permitió jugar un rol de “control” sobre las exportaciones de granos argentinas con destino a los países europeos aliados. Este rol de “intermediario” impidió que los exportadores y el gobierno argentinos pudiesen extraer dividendos de la postura de neutralidad aprovechando las necesidades de cereales y alimentos del bando aliado. Como consecuencia de este factor, agravado por la escasez de combustible y créditos que afectaba a la economía argentina, la neutralidad adoptada por los gobiernos argentinos se tornó “benévola”, mostrando en la práctica un creciente acercamiento al bando aliado.
   
No obstante, el mercado norteamericano no logró compensar la retracción del europeo. Muchos rubros de exportación argentina competían desfavorablemente con los norteamericanos. Sólo algunos de ellos incrementaron su ingreso en el mercado norteamericano durante los años de la guerra. Tal el caso de las semillas de lino. La participación norteamericana en las exportaciones argentinas de este producto saltó de un 10,2% en 1913 a un 25,7% en 1915, y para fines de 1917, Estados Unidos compró virtualmente toda la semilla de lino argentina disponible para la exportación. (9)
   
A diferencia de las semillas de lino, en el caso de las exportaciones argentinas de maíz hacia Estados Unidos durante los años de la coyuntura bélica se registró una declinación tanto en términos de volumen como de valor. Hacia 1913, el maíz argentino había desarrollado un apreciable mercado en la costa atlántica norteamericana. En 1914, estimuladas por las ventajas del status libre de derechos que otorgaba la tarifa Underwood-Simmons del año anterior, las exportaciones de maíz subieron, casi duplicando su volumen respecto del año anterior (pasaron de 85.495 toneladas en 1913 a 155.164 toneladas en 1914). En cuanto a su valor, aumentó de 2.105.913 pesos oro en 1913 a 3.458.000 pesos oro en 1914. Pero las ventas argentinas de maíz hacia Estados Unidos sufrieron los avatares de la guerra y cayeron agudamente durante los años siguientes, llegando en 1918 a las cifras más bajas de la coyuntura bélica: 39.871 toneladas, con un valor de 1.203.814 pesos oro, las que, por cierto, estaban muy lejos de los niveles de 1913 y 1914. (10)  
    En cambio, dentro de las exportaciones forestales, la evolución de las exportaciones de extracto de quebracho fue diametralmente opuesta a la del maíz: sus ventas casi se cuadruplicaron en volumen entre 1914 y 1918, pasando de 13.144 toneladas en 1914 a 24.693 toneladas en 1916 y 61.276 toneladas en 1918. Su valor, de 855.147 pesos oro en 1914, aumentó más de cinco veces en 1916. En 1918 llegaba a 6.315.008 pesos oro, un valor más de siete veces superior al de 1914. (11)
   
Asimismo, negociaciones con terceros países coadyuvaron a estas tendencias. Tal fue el caso del convenio triguero firmado el 14 de enero de 1918  por la Argentina con los gobiernos de Gran Bretaña y Francia, por el cual se estableció un contrato de venta de 2.500.000 toneladas de trigo y un crédito de 40 millones de libras. Las negociaciones que llevaron a este acuerdo comenzaron en Washington en julio de 1917 y fueron activadas por el embajador norteamericano en la Argentina, Frederic J. Stimson, quien prometió a las autoridades argentinas el aporte norteamericano de carbón en contrapartida por las ventas de trigo argentino a Gran Bretaña y Francia. Este convenio marcó un creciente acercamiento de la Argentina con Estados Unidos y las naciones aliadas, característico de los últimos años de la guerra -la llamada por Peterson “neutralidad benévola”. (12) Por cierto, en esta neutralidad benévola quedaba de manifiesto tanto el poder del gobierno de Estados Unidos  como la falta de margen de maniobra de la Argentina para utilizar a su favor dicha neutralidad y obtener buenos dividendos para sus productos de exportación.  
    Por su parte, y en contraste con el oscuro panorama cerealero, en los años de la guerra se dio un notorio incremento en las exportaciones ganaderas argentinas, que compitieron exitosamente con las de Australia, Nueva Zelandia y Estados Unidos, debido a dos razones: transporte más barato y mejor método de comercialización que sus rivales. La cantidad de embarques disminuyó durante los dos primeros años de la guerra, pero se expandió en los restantes. La carne y sus derivados proveyeron la mayor participación en este incremento. La contribución de la ganadería pastoril en los valores de exportación aumentó rápidamente. Mientras en 1913 fue de un 38,7%, ascendió a un 49,3% al año siguiente y llegó a un 68,3% en 1917, antes de declinar ligeramente en 1918. (13)  
    Entre los productos que se expandieron figuró la lana argentina, requerida para las vestimentas de los ejércitos europeos (y luego norteamericanos). Los precios de este producto se vieron notoriamente inflados con el ingreso de Estados Unidos en la guerra, a tal punto que la lana reemplazó a los cueros y las pieles como la exportación argentina de mayor valor. Los embarques de lana sucia argentinos incrementaron notoriamente sus precios, saltando de 6.880.333 pesos oro en 1914 a 67.910.013 pesos oro en 1918. Las exportaciones de cueros lanares y vacunos también siguieron esta tendencia alcista, aunque con altibajos y de manera mucho menos espectacular que la lana. Las exportaciones de cueros vacunos salados ascendieron en su valor de 13.209.349 pesos oro en 1914 a 18.202.470 pesos oro en 1918. Las de cueros vacunos secos, en cambio, declinaron, de 6.176.302 pesos oro a sólo 297.466 pesos oro en los mismos años. Pero el salto más relevante lo dieron las ventas de cueros lanares sucios, que pasaron de sólo 52.110 pesos oro en 1914 a 1.636.368 pesos oro en 1918. (14)  
    La tendencia apuntada para la mayoría de las exportaciones argentinas de tiempos de guerra, con volúmenes decrecientes y valores crecientes, se registra claramente en los casos de las ventas de carneros congelados y carne en conserva. Las exportaciones de carneros congelados aumentaron de 5778 toneladas en 1914 a  6056 toneladas en 1916, aunque cayeron en 1918 a sólo 18 toneladas. Pero las ventas de este producto se valorizaron notoriamente entre 1914 y 1916, saltando de 462.220 pesos oro a 1.117.358 pesos oro. En el caso de las exportaciones de carne en conserva, éstas declinaron de un volumen de 9186 toneladas en 1914 a sólo 392 toneladas en 1916, pero pasaron a 48.810 toneladas en 1918. Su valor, por efecto de la tendencia inflacionaria de la guerra, no cayó tanto como su volumen, pasando de 91.857 pesos oro a 39.187 pesos oro entre 1914 y 1916. Y para 1918, las ventas de carne en conserva, si bien no llegaron a los niveles de 1914, aumentaron  más de setenta veces respecto de los valores de 1916 (de 39.187 a 23.641.227 pesos oro). (15)  
    Las excepciones a la regla anteriormente apuntada de volúmenes decrecientes y valores crecientes fueron las exportaciones argentinas de bovinos congelados y enfriados, que no se adaptaban a los requerimientos de la coyuntura bélica. Las primeras estaban afectadas por la escasez de lugar para los embarques y por las necesidades propias de una guerra de trincheras como fue la Primera Guerra Mundial. Para los soldados europeos era mucho más útil consumir la práctica carne en conserva que las carnes congeladas o enfriadas. En el caso de las carnes enfriadas, su necesidad de ser consumidas a los 40 días de ser embarcadas la hacía totalmente impropia, debido a la irregularidad del tráfico marítimo impuesta por la guerra. Por lo tanto, las exportaciones de bovinos congelados cayeron tanto en términos de volumen como valor, de 52.519 toneladas, con un valor de 5.251.867 pesos oro en 1914, a 8840 toneladas, con un valor de 1.997.838 pesos oro en 1916 y sólo 697 toneladas con un valor de 171.123 pesos oro en 1918. En 1916 y 1918 no se registraron cifras de exportaciones de carne enfriada a Estados Unidos. (16)  
    Por su parte, según la misma fuente, durante los años de la Primera Guerra Mundial el porcentaje de participación norteamericana en el total de las importaciones argentinas pasó del tercer lugar en 1914, con un 13,5% al primer lugar en 1915, con un 24, 8% alcanzando su pico en 1917, con un 36,3%. El año siguiente cayó a un 33,9%,  pero este porcentaje estaba lejos del alcanzado por sus seguidores -el más inmediato era Gran Bretaña, con un 25%.
   
Pero no todas las exportaciones de Estados Unidos a la Argentina participaron del aparente boom comercial de la coyuntura bélica. Los rubros que más se incrementaron en los años de guerra fueron los de automóviles, vestidos de algodón, maquinarias eléctricas, láminas de estaño, azúcar y productos derivados del petróleo, mientras que los rubros que declinaron respecto de los años previos a la guerra fueron la madera, la maquinaria agrícola y el material rodante ferroviario. El volumen de las exportaciones norteamericanas declinó agudamente luego de noviembre de 1917, cuando los fabricantes norteamericanos debieron cubrir las necesidades derivadas de los esfuerzos de guerra de Estados Unidos. 
    Entre los rubros en ascenso dentro de las importaciones argentinas de origen norteamericano se destacaron especialmente los productos de hojalata, automóviles y textiles, que fueron los que registraron las mayores ganancias. El aumento en las importaciones de hojalata estuvo íntimamente vinculado al incremento de las exportaciones de carne en conserva argentina a Europa. (17) Este incremento fue tan importante, que Estados Unidos suplantó a Gran Bretaña como el principal abastecedor de este producto en el mercado argentino. (18) En consecuencia, las importaciones de hojalata cortada para envases provenientes de Estados Unidos aumentaron notoriamente tanto en términos de volumen como de valor, saltando de 234.220 kilogramos en 1914 a 18.167.622 kilogramos en 1918, y de un valor de 18.552 pesos oro a uno de 1.453.410 pesos oro. (19)
 
    Por su parte, la importación de automóviles norteamericanos se incrementó tanto en volumen como en valor. Pasaron de 723 unidades, con un valor de 257.188 en 1914, a 5869 unidades con un valor de 2.351.981 en 1918 (sumando automóviles de pasajeros y de carga). (20) La exportación de automóviles norteamericanos a la Argentina reunió una rápida tasa de expansión y una declinación del precio durante los años de guerra. Los modelos norteamericanos, con su poder extra y peso liviano contaron con una poderosa ventaja sobre los pesados automóviles europeos, especialmente para los viajes al interior argentino. El relativo bajo costo del automotor norteamericano fue su principal ventaja. Antes de establecer su agencia en Buenos Aires, la Ford Motor Company redujo su precio a más del 50%, que lo hizo más barato que cualquier modelo que pudiesen ofrecer las compañías europeas. (21)
   
Por último, dentro de las importaciones textiles de origen norteamericano, se destacaron las de algodón, un rubro de tradicional dominación británica. Las importaciones de telas de algodón blanco registraron un permanente aumento durante los años de guerra:  7131 kilogramos en 1914, 39.311 kilogramos en 1915, 217.282 kilogramos en 1916, 383.688 kilogramos en 1917 y 707.508 kilogramos en 1918. Mientras tanto, su valor casi se decuplicó entre 1914 y 1918. También las importaciones de algodón crudo (lienzo) aumentaron durante la guerra, aunque en forma menos pronunciada. (22) 
   
Entre los rubros importados que sufrieron una caída respecto de los años anteriores a la coyuntura bélica, la principal pérdida fue sufrida por los implementos agrícolas norteamericanos. Las máquinas y herramientas de labranza de ese origen cayeron de un valor de 81.760 pesos oro en 1913 a uno de 10.379 pesos oro en 1916, para recuperarse en 1918, alcanzando un valor de 44.221 pesos oro, la mitad del correspondiente a 1913. (23)
 
    Ahora bien, los intereses comerciales norteamericanos en la Argentina, a pesar de su crecimiento durante los años de la guerra, sufrieron también una serie de amenazas. Una de las más importantes fue la representada por Gran Bretaña, su aliado en la guerra, pero su rival en la disputa por el dominio del mercado argentino. La política británica de listas negras, supuestamente destinada a estorbar el comercio argentino con Alemania, no fue utilizada exclusivamente contra las empresas germanas y sus aliadas. Paradójicamente también tuvo como blanco los intereses norteamericanos en la Argentina. A pesar de que el Departamento de Comercio y la Junta de Comercio de Guerra norteamericanos se comprometieron a cooperar con los ingleses para dar cumplimiento al sistema de las listas negras, los últimos no perdieron la oportunidad de aprovechar esas mismas listas negras como medio para perjudicar el comercio norteamericano con la Argentina.
   
Por ejemplo, el gobierno británico utilizó su control sobre las embarcaciones aliadas y varias modalidades de listas negras con el objetivo de desviar el comercio norteamericano hacia las compañías británicas. El gobierno norteamericano, a pesar de estar informado de este juego de los intereses comerciales británicos tanto por el cónsul general W. Henry Robertson como por los representantes de la embajada norteamericana en la Argentina, no adoptó una actitud lo suficientemente firme como para detener estas prácticas. (24)
   
Para implementar esta política de listas negras, los ingleses residentes en las ciudades más importantes de la Argentina condujeron a los hombres de negocios a la creación de Comités de Comercio Interaliados. (25) Con el transcurso de los meses quedó en evidencia el verdadero propósito de la creación de estos comités. Todas las compañías investigadas e incorporadas en las listas negras eran aquéllas que comerciaban con Estados Unidos. Curiosamente, conocidas firmas británicas que comerciaban con compañías alemanas no fueron incorporadas a la lista negra y tampoco fueron investigadas. Las pocas firmas norteamericanas que cooperaron con los comités fueron firmas ya anteriormente asentadas en el mercado argentino y, en consecuencia, ansiosas de evitar cualquier presencia de nuevos competidores. 
   
Tanto el cónsul general como el embajador de Estados Unidos criticaron públicamente estos comités. Como respuesta, el Departamento de Estado dio instrucciones a ambos funcionarios de aconsejar a la comunidad norteamericana residente en la Argentina que no participara en ninguna lista negra no oficial. (26)
   
A decir verdad, las restricciones comerciales impuestas por la política británica de listas negras y embargos hicieron más daño a la vulnerable economía argentina que a las empresas alemanas o norteamericanas. En los años de la guerra, Alemania desapareció de las estadísticas oficiales, pero su intercambio con la Argentina se realizó a través de terceros países. Por su parte, y a pesar de los esfuerzos británicos por impedirlo, los productos provenientes de Estados Unidos lideraron las importaciones argentinas, sobre todo en rubros donde el Reino Unido ya no estaba en condiciones de competir.  
    Asimismo, la economía argentina pagó durante los años de la guerra un caro precio por su dependencia de la flota británica y de ciertos productos importados. Las listas negras, unidas a la falta de bodegas adecuadas, el aumento de las tarifas sobre los fletes y el control aliado sobre las exportaciones, fueron factores que se aunaron para provocar una crónica escasez en la Argentina de productos importados claves para su economía, tales como el carbón, el papel para diarios, los implementos agrícolas y los equipos de transporte. Si bien se sostiene que los años de la guerra estimularon cierto auge del sector industrial en la Argentina como respuesta a la escasez de importaciones, lo cierto fue que dicha escasez limitó seriamente la producción industrial, que cayó en los primeros años de la guerra y no recobró los niveles de preguerra hasta el año 1918.  Si se toma el año 1913 con un índice 100, la producción industrial cayó a 91 en 1914, 81,6 en 1915, 83,9 en 1916 y 83 en 1917, comenzando a recuperarse recién de 1918 en adelante. (27) Si bien algunas industrias que utilizaron materias primas argentinas -casos de la manufactura de zapatos, textiles y lana- registraron un crecimiento durante los años de la Primera Guerra Mundial, este fue lento, perturbado por la falta de mano de obra, la crónica escasez de combustible y la virtual imposibilidad de importar maquinarias. Las importaciones de carbón provenientes de Gran Bretaña cayeron estrepitosamente, factor que incidió a su vez en una suba espectacular del carbón en la Argentina. Así, en 1918, el carbón se vendió en Buenos Aires a un precio promedio de 50 pesos oro la tonelada, lo que representó un aumento de más del 500% sobre su valor de 1913. (28)
   
Ante esta dificultad, el gobierno argentino procuró obtener del norteamericano un seguro abastecimiento externo de carbón. Cuando en marzo de 1918, se iniciaron las negociaciones sobre este tema, las autoridades argentinas señalaron que las trabas a los suministros de carbón norteamericano a la Compañía Eléctrica Alemana en Buenos Aires, reflejo de la política de listas negras, eran un obstáculo para un rápido acuerdo con Estados Unidos. (29)
   
Como respuesta, el gobierno de Estados Unidos concluyó un acuerdo con Gran Bretaña, por el que los dos gobiernos prometieron satisfacer los requerimientos mínimos de carbón de la Argentina. El primero acordó abastecer de combustible y el último prometió transportarlo.
   
El gobierno argentino, acosado por la escasez de combustibles que provocaba la situación de guerra, pidió a las autoridades norteamericanas una colaboración de mayor alcance. El embajador argentino en Washington, Rómulo S. Naón, presentó sus propuestas formales en una nota del 29 de julio de 1918, que incluían el compromiso de Estados Unidos y Gran Bretaña de un monto mínimo de bienes a ser intercambiados, y el uso de recursos financieros por parte de la Argentina para financiar sus exportaciones a Estados Unidos.
   
En el caso de que las autoridades de Washington garantizasen un embarque mensual de 40.000 toneladas en el intercambio con la Argentina, las autoridades de Buenos Aires se comprometían a emplear en estas operaciones los barcos alemanes internados en sus puertos desde el estallido de la guerra. Aunque el gobierno norteamericano estaba interesado en el uso de los barcos alemanes y en la asistencia financiera, la guerra terminó antes de que alguna medida concreta se materializara. El 11 de noviembre de 1918, y ya finalizada la guerra, Rómulo Naón admitió su fracaso y renunció. (30)
   
Por último, el papel de las inversiones norteamericanas en la Argentina durante este período también fue muy importante.  Por cierto, el capital financiero norteamericano cubrió, durante los años de la guerra, las necesidades argentinas de provisión de capital, que Gran Bretaña no podía cubrir. Las condiciones que el mercado de Londres ofrecía para otorgar los préstamos eran en ese momento inaceptables para las autoridades argentinas. La declinación del comercio de granos y carnes enfriadas y congeladas durante los años de la Primera Guerra, sumada a la urgencia por financiar obras de urbanización ya iniciadas, llevaron al gobierno argentino a recurrir a los empréstitos norteamericanos.  Los banqueros norteamericanos, encabezados por J.P. Morgan and Company y por el National City Bank of New York, hicieron préstamos de corto plazo a las autoridades argentinas, los cuales llegaron a 80 millones de dólares en 1917. Este ciclo de préstamos provenientes del mercado de Nueva York, limitado básicamente a los banqueros, se cerró a partir de 1917, cuando la Argentina se convirtió en nación acreedora y, en un plazo de tres años, saldó sus deudas con los banqueros norteamericanos. (31)  
    Durante la coyuntura bélica, los agentes económicos norteamericanos implementaron una serie de reformas con el objetivo de adecuarse a las necesidades del mercado argentino. Una de ellas fue la ya mencionada apertura de sucursales de bancos norteamericanos en la Argentina, que recolectaban información y conducían negociaciones con el fin de apoyar y promover el comercio bilateral. En 1914, el National City Bank of New York abrió una sucursal en Buenos Aires, la primera de un banco norteamericano en establecerse en el exterior. En 1917 le siguió una filial del First National Bank of Boston. De este modo, los norteamericanos comenzaron a construir sus propias redes financieras que los conectaban con clientes argentinos, prescindiendo de la intermediación europea. (32)  
    En lo que respecta a la concesión de empréstitos de bancos norteamericanos a la Argentina durante la guerra, se registraron dos períodos distintos: uno, desde 1914 hasta 1917, que consistió en la concesión de préstamos u obligaciones de corto plazo del mercado bursátil de Nueva York al gobierno argentino, con el objetivo de cubrir los déficits de presupuesto. (33) El segundo período se extendió desde 1917 a 1920, y consistió en el reintegro de dichos empréstitos de corto plazo por parte de las autoridades argentinas, como consecuencia de la presión del gobierno norteamericano. Asimismo, en esta segunda etapa de las relaciones financieras bilaterales creció la inversión de capital norteamericano en empresas privadas en un monto de 35 millones de dólares respecto del período anterior. (34)  
    Asimismo, en los años de guerra, se adoptaron dos medidas tendientes a facilitar las transacciones financieras entre Estados Unidos y la Argentina. Entre ellas se puede mencionar la autorización por parte del Departamento del Tesoro y la Junta Federal de Estados Unidos de entregar moneda de oro al embajador argentino en Washington como pago de giros de Francia, Inglaterra o la Argentina, y el acuerdo entre los gobiernos argentino y norteamericano para facilitar a los importadores norteamericanos los pagos que debían efectuar en la Argentina. (35) Los importadores norteamericanos de productos argentinos depositarían el equivalente en dólares a la par más 3% en la cuenta de la embajada argentina en Washington para luego ser transferidos en cuenta corriente de la Reserva Federal. El gobierno argentino se comprometía a no girar contra esos créditos por algún tiempo. Estas “exportaciones argentinas de capital”, que fueron vistas como meras transferencias de reservas monetarias, cumplieron la misión de parar el aumento del peso en el mercado de cambios hasta 1920. (36)
   
La incrementada actividad de las corporaciones norteamericanas suministró a la Argentina otra importante fuente de inversión en dólares. Las tenencias norteamericanas crecieron desde 40.000.000 de dólares en 1913 a 85.000.000 de dólares en 1917 y 100.000.000 dólares en 1918. (37) Antes de que terminara la guerra, los inversores norteamericanos adquirieron la mayor parte de las acciones inglesas, y para el fin de la contienda, todos los bancos norteamericanos más importantes tuvieron alguna forma de acceso directo al mundo financiero argentino, convirtiéndose en importantes compradores de la deuda flotante argentina. Hacia el 1º de agosto de 1918, la filial del First National Bank of Boston tuvo un monto de 1.000.000 dólares y la del National City Bank of New York tuvo 7.750.000 dólares de estas obligaciones. (38)  
    Durante los años de la guerra, fueron superados factores tales como la falta de líneas marítimas norteamericanas en el puerto de Buenos Aires, la virtual ausencia de sucursales de bancos norteamericanos en el mercado argentino, la escasa adaptabilidad de las firmas norteamericanas a las exigencias de calidad y créditos de los clientes argentinos, y la carencia de una estructura comercial adecuada en la Argentina que pudiera competir con la de los países europeos. Durante los cinco años de la coyuntura bélica al menos 24 compañías líderes norteamericanas comenzaron sus operaciones en la Argentina. Estas compañías se expandían hacia el mercado argentino con los objetivos de aprovechar un comercio existente, cubrir una demanda insatisfecha, o simplemente producir para el comercio de exportación argentino.
   
A su presencia en el sector de la industria frigorífica, anterior a los años de la guerra, los norteamericanos sumaron rubros tales como automóviles, cemento, extracto de quebracho y petróleo. Como consecuencia de este avance del capital norteamericano, se multiplicaron las casas comerciales en Buenos Aires y los norteamericanos residentes en la Argentina crearon sus propias organizaciones, tales como el Club Comercial Norteamericano en 1914, la Asociación de Exportadores de los Estados Unidos en 1916 y una Cámara de Comercio en 1918, que llegó a agrupar a 125 compañías norteamericanas. (39)  
    Un claro indicio de la variada composición de la inversión norteamericana en la Argentina en los años de la guerra surge del examen de los integrantes originales de la mencionada Cámara de Comercio, quienes representaron a las siguientes empresas: Singer Sewing Machine, Otis Elevator, Dennison Manufacturing, Corn Products Refining,  J. Case Threshing Machine, South American Leather Company, Goodyear Tire and Rubber, Frigorífico Armour, Cajas Registradoras National, International Machinery, Ford Motor, Youngstown Sheath and Tool, Aluminium Company of South America, United States Steel Products, Kodak, West India Oil, National Lead, Trumbull Electric Manufacturing, International Silver, Remington Typewriter, Pratt, American Linseed, Consolidated Rolling Mills and Foundries, Fairbanks Morse, United States Rubber Export, American Trading, W.R. Grace, Compañía Transportadora de Petróleos, Compañía Nacional de Petróleos, Galena Signal Oil, Vacuum Oil Company, H. J. Baker & Brothers, Cereal Machine, United Press Association, Fiske Brithers Refining, International Harvester, y Westinghouse Electric. (40)  
    Por otra parte, un paso importante dado por los intereses financieros y autoridades norteamericanas en función de consolidar su presencia financiera en países como la Argentina y unificar criterios entre las naciones americanas fue la convocatoria de la Primera Conferencia Financiera Panamericana, celebrada en Washington en mayo de 1915. El resultado más relevante de esta reunión fue la creación de una Alta Comisión Internacional integrada por un comité de nueve miembros por cada uno de los países.  El objetivo de este organismo era lograr una legislación uniforme sobre reglas aduaneras, letras de cambio y otros aspectos del comercio regional, tales como formas de otorgamiento de créditos a países americanos por parte de Estados Unidos, medios de comunicación marítima adecuados entre Washington y el resto de la región, estabilización de los tipos de cambio, arbitraje de las disputas comerciales, los criterios de clasificación de las mercancías intercambiadas, reglamentación uniforme de patentes y marcas comerciales, promoción de negocios y facilidades bancarias entre Estados Unidos y los países de la región. (41)
   
Durante esta conferencia, la delegación argentina, encabezada por Ricardo C. Aldao, buscó acercarse a la Casa Blanca para obtener los créditos que ya no venían de Europa debido a la guerra. En el informe de dicha delegación al ministro de relaciones exteriores José Luis Murature, se sostenía de manera realista:  

“Es evidente, en nuestro entender, que la duración o intensidad de la actual guerra entre la mayoría de las naciones de Europa, ha de privar a la Argentina durante muchos años, de la amplia ayuda financiera que había obtenido hasta ahora, principalmente en Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania; siendo también probable que estos países no podrán suministrarnos durante algún tiempo, en la extensión requerida por el consumo de nuestro país, ciertos productos fabriles de que ellos han sido nuestros proveedores. De ahí la positiva conveniencia que existe de procurar el mayor desenvolvimiento posible de nuestras transacciones, tanto financieras como comerciales, con los Estados Unidos de Norte América, que es el único país que, como consecuencia de la guerra actual, está ahora en aptitud de suministrarnos los capitales requeridos para el fomento de nuestra riqueza pública y privada”. (42)

En coincidencia con el discurso panamericanista de la administración de Woodrow Wilson, el gobierno argentino estaba interesado en lograr una unificación de criterios en cuestiones económicas a nivel regional. Este interés quedó evidenciado en el ofrecimiento del presidente Victorino de la Plaza para que la continuación de la Conferencia de 1915 se concretara en Buenos Aires. Finalmente, y tras una postergación, en abril de 1916 se reunió en la capital argentina la Alta Comisión Internacional creada por la Conferencia de Washington.
   
Los temas de agenda de esta nueva conferencia fueron, desde la perspectiva de Washington, la organización de líneas navieras, servicios bancarios, comunicaciones radiales y telegráficas, ferrocarriles, aumento de instalaciones cablegráficas y terminación del enlace ferroviario desde Estados Unidos hasta la Argentina. Se estableció además el funcionamiento permanente de la Alta Comisión en Washington. Los delegados norteamericanos partieron muy entusiasmados de Buenos Aires, debido a las numerosas pruebas de amistad de parte de las autoridades argentinas. Pero este optimismo inicial pronto se diluyó, debido a la falta de resultados prácticos, los que evidenciaban que las coincidencias entre los gobiernos de Victorino de la Plaza y Woodrow Wilson se limitaban tan sólo al plano del discurso. (43)

  1. A su vez, el estallido de la guerra en Europa afectó profundamente las exportaciones argentinas. Ya desde 1911 o 1912 se evidenciaban síntomas de desaceleración en el ritmo de expansión de principios del siglo XX, debido a factores tales como pobres cosechas en 1912 y 1913, reducción en la producción ganadera y restricciones crediticias. Las últimas también fueron provocadas por circunstancias externas, como las tensiones previas a la Primera Guerra (entre ellas la Guerra de los Balcanes), interrumpieron el flujo de capitales europeos hacia el mercado argentino, factor clave en la prosperidad económica alcanzada durante la década anterior a 1914. Ricardo Weinmann, Argentina en la Primera Guerra Mundial: neutralidad, transición política y continuismo económico, Buenos Aires, Biblos-Fundación Simón Rodríguez, 1994, pp. 77-78; Vernon Lovell Phelps, The International Economic Position of Argentina, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1938, p. 22; y Andrés Martín Regalsky, Las inversiones extranjeras en la Argentina (1860-1914), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1986, p. 17. 

  2. El porcentaje de participación porcentual de Alemania en las importaciones cayó del 14,7% en 1914 al 2,5% en 1915. Entre 1916 y 1919 no llegó a alcanzar el 1%. 

  3. J. Ferrer Jr., op. cit., p. 99. 

  4. V.L. Phelps, op. cit., pp. 127-128; D.R. Sweet, op. cit., p. 29. 

  5. J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 100 y 108.

  6. Ibid., pp. 113-114.

  7. Ibid., p. 110.

  8. Ibid., pp. 110-111. Ver también importaciones argentinas de telas de algodón blanco, crudo (o lienzo) y teñido en Anuario...1914, op. cit., pp. 134-136; República Argentina, Dirección General de Estadística de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina, año 1916, Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos de L.J. Rosso y Cía, 1918, pp. 135-136; y República Argentina, Dirección General de Estadística de la Nación, El comercio exterior de la República Argentina en el trienio 1918-1920, Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos de L. J. Rosso y Cía, 1922.

  9. “Argentina's Production of Flax”, 18 November 1917, 12005, Entry 67, Preliminary Inventory 100, Records of the War Trade Board, Record Group 82 (sic) (182), National Archives; Department of Commerce, The Economic Position of Argentina During the War, fuentes citadas en David Matthew Khazanov Sheinin, The Diplomacy of Control: United States-Argentine Relations, 1910-1928, Ph.D. dissertation, The University of Connecticut, 1989, p. 143.

  10. Anuario...1914, op. cit., p. 467; Anuario...1916, op. cit., p. 510; y El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., p. 648. 

  11. Anuario...1914, op. cit., p. 482; Anuario...1916, op. cit., pp. 521 y 541; y El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., p. 666.

  12. Ver este término en H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 29.

  13. Contribución porcentual de los productos pastoriles, agrícolas y forestales en las exportaciones argentinas durante la Primera Guerra Mundial, cit. en J. Ferrer Jr., op. cit., Table 3, p. 82 B.

  14. Anuario...1914, op. cit., pp. 449, 447, 448; Anuario...1916, op. cit., pp. 493-494 y 541; y El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., pp. 628, 625, 624; Foreign Commerce and Navigation of the Unitad States para el período 1914-1918, fuente citada en D.R. Sweet, op. cit., p. 26; y J. Ferrer Jr., op. cit., p. 101.

  15. Anuario...1914, op. cit., pp. 444-445 y 452; Anuario...1916, op. cit., pp. 491, 498 y 541; El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., pp. 620-621 y 631. 

  16. Ibid.

  17. Durante los años de la guerra, se dio un importante incremento en el valor de las exportaciones argentinas de carne en conserva a Gran Bretaña, que pasaron de 966.956 pesos oro en 1914 a 43.502.878 en 1918. Incluso esta tendencia al alza de los precios también se registró en el caso de las ventas de este producto dirigidas a Estados Unidos, que en los mismos años saltaron de 91.857 pesos oro a 23.641.227 pesos oro. Anuario...1914, op. cit., p. 452; y El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., p. 631.

  18. J. Ferrer Jr., op. cit., p. 102.

  19. Anuario...1914, op. cit., p. 324 y El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., pp. 361-362. 

  20. Anuario...1914, op. cit., p. 360; y República Argentina, Dirección General de Estadística, El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., p. 316. 

  21. J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 111-112. 

  22. Anuario...1914, op. cit., pp. 134-136; Anuario...1916, op. cit., pp. 135-136; República Argentina, Dirección General de Estadística de la Nación, Anuario del Comercio Exterior de la República Argentina año 1917 y noticia sumaria del período 1910-1919, Buenos Aires, Imprenta Mercatali, 1920, pp. 125-127; y  El comercio exterior...en el trienio 1918-1920, op. cit., pp. 141-143.  

  23. J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 101. Ver también Anuario...1913, op. cit.., pp. 339 y 685; Anuario...1916, op. cit., p. 365; El comercio exterior... en el trienio 1918-1920, op. cit., p. 392.  

  24. D.R. Sweet, op. cit., p. 28; J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 117-122 y H.F. Peterson, op. cit., vol. II, pp. 27-28. 

  25. Estas organizaciones, de carácter informal, examinaban las operaciones de todas las compañías argentinas y las agrupaban de acuerdo a una clasificación tripartita. El grupo “A” incluía aquellas firmas consideradas completamente de confianza y, en consecuencia, con derecho a participar en el comercio aliado. En el grupo “B” estaban aquellas firmas cuya situación respecto de los intereses comerciales y estratégicos británicos no estaba claramente definida. En cambio, en el grupo “C”, estaban aquellas firmas consideradas indignas de confianza, por cualquier razón, para participar en este comercio interaliado. Ver al respecto J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 121-122.

  26. Dispatch Nº 1251 of October 22, 1918, from Robertson. National Archives, Record Group 59 DF635.00171/2; Dispatch Nº 1300 of December 13, 1918, from Robertson. National Archives, Record Group 59, DF635.00171/3; Instruction Nº 479 of February 18, 1919, to Robertson. National Archives, Record Group 59, DF635.00171/3, fuentes citadas en ibid., pp. 121-122.

  27. Indices en Guido Di Tella y Manuel Zymelman, Las etapas del desarrollo económico argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1967, p. 309, cit. por C.E. Solberg, op. cit., p. 50. 

  28. C.E. Solberg, op. cit., p. 51.

  29. La importante Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad proporcionaba en ese momento fuerza motriz a la Compañía Anglo-Argentina de Tranvías y energía eléctrica a la ciudad de Buenos Aires; además, controlaba empresas subsidiarias en otras ciudades argentinas y países vecinos. Esta compañía obtenía del mercado norteamericano carbón, cobre, lubricantes y equipos eléctricos. El ministro argentino Pueyrredón solicitó al gobierno norteamericano que mantuviera el abastecimiento de carbón, pero el secretario de Estado norteamericano Lansing manifestó en 1917 la intención de cortar el flujo de carbón norteamericano a menos  que el gobierno argentino incautara la propiedad de la firma alemana. Como efecto de la política norteamericana, la compañía germana se vio obligada a utilizar insignificantes cantidades de carbón de cualquier fuente y a precios que quintuplicaron los de 1914, y a suplir la carestía de carbón con aceite, leña y cáscaras de granos desmenuzadas por la molienda. Ver al respecto H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 28.

  30. Ibid., pp. 50 y 52; también J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 106-107.

  31. Vicente Vázquez Presedo, Crisis y retraso. Argentina y la economía internacional entre las dos guerras, Buenos Aires, EUDEBA, 1978, p. 154; H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 61.

  32. J. Ferrer Jr., op. cit., p. 94. 

  33. En este período 1914-1917 se concretaron los siguientes seis empréstitos norteamericanos al gobierno argentino: diciembre de 1914, 15.000.000 de dólares; mayo de 1915, 25.000.000 de dólares; diciembre de 1915, 6.000.000 de dólares; febrero de 1916, 18.500.000 dólares; marzo de 1916, 15.000.000 de dólares y diciembre de 1916, 16.800.000 dólares. Ver al respecto V.L. Phelps, op. cit., p. 29 y R. Weinmann, op. cit., p. 80.

  34. Consultar esta periodización de las relaciones financieras argentino-norteamericanas en V.L. Phelps, op. cit., pp. 29-30, 101 y 102, en R. Weinmann, op. cit., p. 80 y en V. Vázquez Presedo, Crisis y retraso..., op. cit., p. 154.

  35. Ver al respecto las siguientes fuentes: Arreglo entre los Estados Unidos de América y la República Argentina para el depósito de oro en la Embajada argentina en Washington, y Arreglo con los Estados Unidos para facilitar a los importadores norteamericanos los pagos que deban efectuar en la República, ambas en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria de Relaciones Exteriores y Culto presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al año 1917-1918, Buenos Aires, Imprenta y encuadernación del Hospicio de las Mercedes, 1919, Anexo A, Guerra Europea, X y XI, pp. 167-170. 

  36. V. Vázquez Presedo, Crisis y retraso..., p. 141.

  37. F.M. Halsey, Investments in Latin America and the British West Indies, Washington, 1918,  p. 25, cit. en J. Ferrer Jr., op. cit., p. 92; Max Winkler, Investments of United States Capital in Latin America, World Peace Foundation, 1928, p. 68, fuente cit. en V.L. Phelps, op. cit., pp. 250 y 252.

  38. Letter of December 26, 1918, from the National City Bank of New York to the Assistant Secretary of the Treasury Albert Rathbone, NA, RG39, Box Nº 2, cit. en J. Ferrer Jr., op. cit., p. 95.

  39. R. Weinmann, op. cit., p. 78; J. Ferrer Jr., op. cit., pp. 96-98. 

  40. Ver esta lista de empresas miembros de la Cámara de Comercio en el asunto Silver Jubilee, 1944, en Comments on Argentine Trade, publicación oficial de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos de América en la República Argentina, fuente citada en Donald Boyd Easum, The British-Argentine-United States Triangle: A Case Study in International Relations, Ph.D. dissertation, Princeton University, 1953, p. 90.

  41. III. Conferencia Panamericana: Washington, 25, 26, 27 y 28 de mayo de 1915, Informe de la Comisión Argentina al Honorable William Mc Adoo, Secretario de Hacienda y presidente del Congreso Financiero Panamericano; Conferencia Panamericana celebrada en Washington el 24 de mayo de 1915. Informe de los delegados argentinos ante la Conferencia Panamericana celebrada en Washington el 24 de mayo de 1915 al ministro de Relaciones Exteriores José Luis Murature, Buenos Aires, 27 de agosto de 1915,  en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria de Relaciones Exteriores y Culto presentada al Honorable Congreso Nacional correspondiente al año 1915-1916, Buenos Aires, Casa Impresora: A. de Martino, 1916, pp. 29-55. Ver respecto de los temas tratados durante la Primera Conferencia Financiera Panamericana en Washington en 1915, las siguientes fuentes: FRUS, 1916, Argentina, International High Comission on Uniform Legislation, created by the First Pan American Financial Conference; First General meeting. Draft Treaty Providing For an International Gold Clearance Fund, File Nº 810.51/517, The Secretary of the Treasury to the Secretary of State, Treasury Department, Washington, February 18, 1916, pp. 18-21. Consultar también R. Weinmann, op. cit., p. 79, quien cita los trabajos de Marisol de Gonzalo, “Relaciones entre Estados Unidos y América Latina a comienzos de la primera guerra mundial: formulación de una política comercial”,en Boletín Histórico, Nº 47, 1978, pp. 208 y sigs.; Johannes Pfitzner, Die Pan-Amerikanische Finanzkonferenz vom 24 bis 29 Mai 1915, Jena, 1915; y Emily S. Rosenberg, World War I and the growth of the United States preponderance in Latin America, Nueva York, 1973, p. 39; y H.F. Peterson, op. cit., vol. II, p. 42.

  42. Informe de los delegados argentinos ante la Conferencia Panamericana celebrada en Washington el 24 de mayo de 1915 al ministro de Relaciones Exteriores José Luis Murature, Buenos Aires, 27 de agosto de 1915,  en República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria...1915-1916, op. cit., p. 45. 

  43. Ver respecto de los resultados prácticos de la reunión de la Alta Comisión Internacional en Buenos Aires en 1916 las opiniones de H.F. Peterson, op. cit., vol. II, pp. 42-45, y de R. Weinmann, op. cit., p. 80.

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